martes, 24 de noviembre de 2015

Vamos nadando por el mar de los suspiros, vamos cambiando, pensando,
sintiendo.
Sin querer siquiera tragamos agua, y ni nos damos cuenta; el mar tiene demasiado movimiento.
Y seguimos, obviando cada calambre que nos deja inmóviles durante el parpadeo de antes de seguir hacia adelante.
Nos preguntamos si realmente tiene importancia vivir una pausa dentro de este caos en forma de corriente marina. El miedo nos inunda y escuchamos los oscuros abismos que están bajo tus pies, recuerdas los momentos que te dejan con la cara mojada y equilibramos los sentimientos contradictorios.
Seguimos, siempre hacia adelante, siempre hacia adentro:
Donde perdemos la consciencia y el equilibrio nos traiciona.

Caos.

Caótica la pensante mente, desordenada como lo que ve fuera de sí. Desorden e incomprensión fuera termina convirtiéndose en trastorno dentro. Y ese caos mental solo desemboca en la pérdida de una mismo, ideas no-tuyas se apropian de tu cabeza y tu personalidad salta por el barranco de las emociones. Saludándote con la mano llega entonces la confusión, ella siempre sabe como destrozar tus principios para apuñalar al ser propio desde dentro.
Todo lo que conoces comienza a ser desconocido y tus palabras ya no son tuyas, ni tus gestos, siquiera tu mirada es tuya porque comprende cosas diferentes. No sabes que es diferente porque no conoces ni lo que tienes delante/adentro para poder comparar con lo anterior, ¿qué era lo anterior?.
¿Existió algo anterior a lo que ahora?.


Hace falta poner los libros en orden y cerrar la ventana, creo que el viento se ha llevado algún documento importante.