Se nos atraganta la vida en esta esquina tan oscura llamada mente.
Se nos atragantan las ganas de volar, por culpa del miedo a la caída desenfrenada. Por miedo al dolor.
Y es que es el miedo aquello que nos atormenta por las noches y no nos deja dormir, cuando miramos a nuestro alrededor y solo vemos oscuridad, ¿por qué el miedo a la oscuridad?
El miedo es este que que nos frena antes de la decisión, miedo a la equivocación, miedo al fracaso, miedo a lo desconocido.
Es en el miedo donde nace la desconfianza que nos frena a la hora de actuar, desconfianza que nos traiciona al reprimir nuestros deseos o que nos impide disfrutar de tiernos sentimientos.
Miedo al rechazo, por parte de otros y por parte de nosotros mismos, miedo al qué dirán o a qué dije yo como mi anterior yo.
Miedo al abandono del mundo, a quedarnos solos,
tenemos miedo a estar tristes.
Tengo miedo a sentir el miedo, porque temo al vacío que me abraza, haciéndome sentir el frío, cada vez que mi cabeza se asienta sobre borde del precipicio.
El miedo a la ausencia: de inspiración, de compañía, de ti misma.
lunes, 13 de julio de 2015
Moonlight
(gracias Marina)
https://www.youtube.com/watch?v=5-MT5zeY6CU
https://www.youtube.com/watch?v=5-MT5zeY6CU
Moonlight.
Y entonces, se dejó morir.
Sus antepasados la esperaban, llenos de alegría y cosas que explicar sobre la vida que ella, inexperta, había olvidado aprender.
Y los ojos se le llenaron de lágrimas cuando se dio cuenta de que había olvidado amar en su corta vida. Apenas había rozado sus emociones a lo largo de su existencia,
y le pesaban las pestañas
Recordó, al llegar al limbo, sus vidas anteriores y lo que era recorrer una espalda desnuda con sus dedos, transmitiendo su esencia.
Recordó el roce de unos labios perdido en el olvido y un par de rosas secas. Recordó lo que es ascender, por entre las nubes, de la mano de un diablo encarnado en sentimiento,
y lloró.
Sus antepasados la esperaban, llenos de alegría y cosas que explicar sobre la vida que ella, inexperta, había olvidado aprender.
Y los ojos se le llenaron de lágrimas cuando se dio cuenta de que había olvidado amar en su corta vida. Apenas había rozado sus emociones a lo largo de su existencia,
y le pesaban las pestañas
Recordó, al llegar al limbo, sus vidas anteriores y lo que era recorrer una espalda desnuda con sus dedos, transmitiendo su esencia.
Recordó el roce de unos labios perdido en el olvido y un par de rosas secas. Recordó lo que es ascender, por entre las nubes, de la mano de un diablo encarnado en sentimiento,
y lloró.
Las lágrimas bajaron hasta su boca por aquel sendero inexplorado de su alma.
Y el dolor inundó su mente, poco a poco también su piel y así hasta que descansó en ella el sentimiento de añoranza.
Añoraba la vida, ella que había renunciado a seguir respirando. La impotencia se sentó delante y la miró fijamente a los ojos; la desafiaba y se reía del llanto que brotaba desconsolado de su pecho.
Ya estaba sola, ya nadie la acompañaba para recordarle la belleza de la existencia, sólo se hallaba con ella ese vacío que ocupaba la impotencia. Y comenzó a pudrirse, sus dedos de los pies empezaron a ennegrecerse, y esta negrura fue ascendiendo lentamente por todo su cuerpo, dejando únicamente su corazón sano:
para sentir el dolor.
Y el dolor inundó su mente, poco a poco también su piel y así hasta que descansó en ella el sentimiento de añoranza.
Añoraba la vida, ella que había renunciado a seguir respirando. La impotencia se sentó delante y la miró fijamente a los ojos; la desafiaba y se reía del llanto que brotaba desconsolado de su pecho.
Ya estaba sola, ya nadie la acompañaba para recordarle la belleza de la existencia, sólo se hallaba con ella ese vacío que ocupaba la impotencia. Y comenzó a pudrirse, sus dedos de los pies empezaron a ennegrecerse, y esta negrura fue ascendiendo lentamente por todo su cuerpo, dejando únicamente su corazón sano:
para sentir el dolor.
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